Veo
más que oportuno comenzar este blog, motivado por la literatura, la poesía, el
arte; escribiendo sobre la aterradora realidad que supone enfrentarse a una
página en blanco. Todo individuo ha sido víctima del miedo, de la incertidumbre,
de la emoción que invade a uno el comenzar a dibujar sobre un lienzo virgen.
Si
bien es cierto que una vez la pluma se ha posado sobre el papel, o los dedos
comienzan a bailar sobre el teclado —mucho más apropiado a los tiempo que
corren—, en ocasiones es difícil pararlos; el verdadero reto es definir qué es
aquello que va a motivar a la pluma a volver al tintero. Nadie está exento de
ese miedo antes mencionado, de ese temor ocasionado por la responsabilidad de
crear algo nuevo nunca antes visto, algo que provoque sensaciones en el lector,
que lo haga reflexionar, que tras la lectura lo deje sin aliento. Que sea capaz
de arrebatar esos minutos de silencio tan preciados para saborear lentamente
cada palabra.
El
miedo puebla nuestro cuerpo de adrenalina, de la tentación de comenzar algo
nuevo, de mejorar lo, a simple vista, inmejorable, de superarse a uno mismo, de
empujar y hacer ceder las murallas de la imaginación de uno y explorar nuevos
terrenos. De crear.
Sin
duda, la responsabilidad es grandiosa. Y ese recelo y esa emoción son las que
van a colmar cada uno de los siguientes artículos de este blog.
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