Hace poco leí Colapso, de Juan Jacinto Muñoz Rengel, un relato corto que se situaba en una época en la que los humanos, gracias a un microchip que se instala en el cerebro, son capaces de hacer cosas impensables en este momento. Cosas como almacenar recuerdos de manera permanente, escuchar música dentro de nuestra propia mente (sin necesidad de auriculares, esas criaturas malditas que no hacen más que enredarse, aunque tú las guardes bien) o incluso mirar a través de los ojos de otras personas.
Y no había momento en el que esta historia no me recordarse a un capítulo de Black Mirror, una serie de televisión que, en cada entrega muestra el lado oscuro de la vida y, precisamente, de la tecnología. El capítulo se llama The Entire History of You, y es casi como si el relato hubiese sido pasado a la pantalla. Los personajes pertenecen a la clase alta, viven en casa lujosas, con vidas perfectas y no hacen más que vivir en el pasado gracias a este "grano" que les permite repasar los archivos de todo lo que han vivido como si fuese una película.
De esta manera, tanto los personajes de Colapso, como los de Black Mirror, viven en una realidad paralela, y lo más preocupante, virtual, lo que le hace pensar a uno si estamos tan alejados de ese punto en nuestras vidas, si ya estamos viviendo una vida virtual, aún sin tener estos dispositivos.
Personalmente, ambas piezas me han hecho reflexionar sobre el uso que hago de las tecnologías.
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