Hablaré sobre “Ser mujer, el fin de una imagen tradicional”, el capítulo “Una institución patriarcal: la prostitución”. A lo largo del capítulo se reflexiona sobre el origen, la profesión, los prejuicios, las connotaciones y las actitudes frente a la prostitución, entre otras cosas.
Refiriéndonos al origen de la prostitución, se expone, como ha sido visto en clase, que comenzó ligado a la esclavitud de la mujer, sometidas por los hombres de otras culturas o tribus que conquistaban los territorios enemigos; pero la prostitución también se vio iniciada como necesidad económica, así las mujeres tenían que venderse a sí mismas para afrontar deudas, o de otro modo, eran vendidas por sus padres, maridos o hermanos. Sin embargo, quizás la llamada “prostitución sagrada” es la que más me ha llamado la atención, las mujeres eran obligadas a permanecer en los templos para ofrecerse a los hombres que lo visitasen y así tener el derecho de acceder al matrimonio. De una manera u otra, siempre fue una imposición del hombre ejerciendo violencia o chantaje sobre la mujer, infligiendo miedo y sometiéndola.
Es un hecho que la prostitución va ligada al machismo, que es un producto de hombres para hombres, pero la mujer, de algún modo se ha visto apoyando esta actividad. Remontándonos a los tiempos de la “prostitución sagrada” las mujeres con mayores posibilidades pagaban a otras para que se prostituyeran por ellas y esto es sin ninguna duda contribuir al negocio de la prostitución.
Aunque en el texto se dice que la clase social de la mujer no es determinante para dedicarse a la prostitución, es muy común que las prostitutas, hoy en día, sean personas con dificultades económicas. Y tristemente la situación no ha cambiado mucho desde los orígenes de esta “profesión”, la mujer sigue viéndose en la situación de tener que recurrir a vender su cuerpo para sobrevivir, pero además al ejercer la prostitución son sometidas por el hombre, no solo quien paga por sus servicios, sino quien las maneja. Son parte de una mafia, de un mercado que las alquila, son cosificadas y se les adjudica un valor que depende del físico de la mujer.
En definitiva el negocio de la prostitución no ha cambiado a penas en los siglos que lleva vigente, es una práctica primitiva que se resiste a ser erradicada. Es un negocio muy consolidado y envuelto en violencia, lo que dificulta tremendamente su completa eliminación.
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